11/22/2012

11 de noviembre


Somos multitudes.
Escribir se ha socializado hasta en la sombra que proyecta cada letra tecleada o digitalizada.
Leer es algo que hago siguiendo pistas como la que me ha traído a darme de alta para escribir aquí, y no en los grupos en que coincido contigo.
Nos comportamos como adolescentes cuando entramos en estas redes. Jugamos.
Eso no es malo, todo nuevo paradigma requiere de ensayo y error.
Vamos madurando.
Cuando empecé, allá por la mitad del 2006, descubrí que podía inventarme en roles que me permitían dar rienda sueltas al pulso escribidor. No tuve en cuenta que quien leía pensaba que testimoniaba mi vida. Mi afán era dar rienda suelta a la creatividad.
Hacerlo en un blog o red social, favorecía que alguien me leía y que escribir me daba alas.
ME GUSTA QUE ME LEAN. No me definiría como escritora. Eso para mí es un atributo que pierde sentido cuando la escritura es instrumento que está en nuestras manos y que estos entornos han democratizado.
No me extraña que alguien de tus contactos descubra de pronto que eres escritor.
La linea que separa se ha difuminado.

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